DAVID EUCARISTÍA

La Eucaristía es el Arca de Salvación y el Refugio Seguro espiritual



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La Eucaristía es la Continuación del Amor Redentor de Jesús y de María: https://www.davideucaristia.com/2019/01/unioneucaristicadeamor.html
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La Eucaristía va a ser la única Arca de Salvación donde encontraremos refugio frente a la tormenta que está al llegar

Como todas las almas sensatas corrieron a refugiarse en el Arca de Noé, nosotros también debemos sin demora entrar al Arca Eucarística preparada por Jesucristo para darnos refugio ante la Tomenta Espiritual ─y de toda índole─ que se viene al mundo y que lo va a sacudir como hojarasca al viento: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado permiso para poder zarandearos como trigo [al viento]» (Lc 22,31). Pero, ¿cómo se hace esto?, ¿cómo podemos entrar y habitar dentro de la Sagrada Hostia con Jesucristo para, una vez allí, poder encontrar ese refugio que nos protegerá de la seducción espiritual del Mal que vendrá? ¡Por fe!, ¡por la sola fe! Nuestra fe basta. Basta creer y dejar a Dios hacer lo demás. Eso para nosotros nos parece imposible ─ya lo sé─, pero para Dios nada es imposible (cf Lc 1,37) y Él se encargará de hacerlo realidad: déjale a Él hacer y hará maravillas.

Por lo pronto, tú deséalo con fe firme, pídeselo a Jesucristo en la Eucaristía, que deseas estar con Él dentro de su Hostia. Si Jesucristo tiene allí su Vida, su Casa y su Morada, ¿por qué no vamos a poder ir también nosotros con Él? Él mismo ha declarado abiertamente que nos quiere a todos nosotros con Él donde Él está (Jn 12,26;14,3;17,24), así que no eres tú sino que es Él quien así lo desea. Él mismo nos llevará por su Gracia y Poder a su lado como llevó a Pedro a caminar sobre las aguas o a los paralíticos y postrados en camas durante años a levantarse y a caminar erguidos y rápido. El mismo que hizo al pueblo judío cruzar a pie el Mar Rojo nos hará pasar a nosotros al Lado donde Él habita en la Eucaristía, de manera espiritual.

Una vez Allí, estaremos protegidos de todo Mal, Él se interpone entre nosotros y todas las flechas de Satanás. Él es el Pastor que ha dado y dará mil veces más su vida por sus ovejas. Él nos salvará de todo Mal y nos guiará por el Camino recto, y guardará nuestro pie de toda caída. Y, aun cuando nos vengan poderosas tentaciones, a ninguna sucumbirás.


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La Eucaristía es la Continuación del Amor Redentor de Jesús y de María



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Este es el Secreto más grande de la Eucaristía, conocido y vivido solo por pocos.


Así como la Redención comenzó con la Encarnación de Dios en el seno de María, de quien tomó la naturaleza humana y a partir de quien formó su Cuerpo y su Sangre ─los cuales ahora comulgamos en la Eucaristía─; no podía ser de otra forma sino que, el Gran Sacramento que continúa todavía vigente la Redención ─la Eucaristía─ sea la continuación de ese Amor y de esa Unión, en la que desde su comienzo Jesús y María se unieron formando un solo Cuerpo y una sola Sangre humanas, como toda madre con su bebé, pero con el añadido de la Divinidad de Dios Hijo, que es lo que principalmente diferencia a la Madre del Hijo. En la Eucaristía, se unen y se conjugan la Humanidad y la Divinidad de Jesucristo con la humanidad glorificada y asunta de María, la cual, ahora totalmente integrada en Él, participa de la Divinidad de su Hijo, que Él le comparte sin medida. De modo que, al comulgar recibimos no solo a Jesucristo sino también la humanidad glorificada de la Madre integrada en la del Hijo, y la divinidad del Hijo integrada en la del Padre. Así en completa unidad.

Por eso, la Eucaristía es la Continuación Viva, de la Unión, Amor y Colaboración que los Corazones de Jesús y de María vivieron durante su estancia en la tierra, y con el Cual redimen, salvan el mundo, y están estableciendo el Reino de Amor del Padre en la tierra, algo que ─a pesar de nuestros pecados y de tanta oposición como encuentran─ finalmente conseguirán instaurar. El Sentido y Razón de la Eucaristía es CONTINUAR EL AMOR DE MARÍA POR JESÚS Y DE JESÚS POR MARÍA ─la Unión Amorosa de sus Dos Corazones─, un Amor que sobrepasa el mundo, y va más allá del tiempo y del espacio, superando en tiempo a la eternidad y en espacio a los universos todos. Ese Amor un día dio comienzo y ya nunca jamás terminará, sino que es la Mecha  que va a «incendiar» de Amor el mundo: «Yo he venido a prender fuego en el mundo; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!» (Lc 12,49). De amor por el Padre y el Espíritu Santo y el Hijo y que, como rayos del sol que se reflejan y se proyectan, rebotará en todos nosotros y nos convertirá en reflejos de lo que Ellos mismos son: luminosas y bellísimas estrellas que un día brillarán en el Cielo de su Amor (cf Dn 11,3; Mt 13,43).

Esta es la razón por la que yo he solicitado al Papa la aprobación y promulgación del Dogma de la Cohabitación Eucarística de María en el seno del Hijo. Que me hagan caso o no, es su responsabilidad, pero yo he hecho lo que tenía que hacer y sé que tengo razón, y que es un Derecho legítimo de María que este dogma sea reconocido, y es voluntad del Hijo que se reconozca y se hará: sea en este tiempo o en otro tiempo, será.

La Eucaristía es la Unión de Amor de los Corazones de Jesús y de María


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El único y verdadero amor es la Eucaristía




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La Eucaristía es el único y verdadero amor, la síntesis, esencia y perfección de todo amor y de cualquier amor, y en ella se realiza y lleva al culmen el amor nupcial. Es la razón de ser y el fundamento del matrimonio católico, el cual es ─necesariamente y obligatoriamente─ eucarístico; ya que, siendo Jesucristo el que valida el matrimonio y siendo Él la Eucaristía, es esta la que hace que el matrimonio católico sea válido ante Dios. El Matrimonio católico es sacramento, precisamente porque proviene y se sostiene del Sacramento padre y madre de todos los sacramentos: la Sagrada Eucaristía. Dicho de otra forma, las personas que se casan por la Iglesia Católica quedan eucarísticamente unidas formando un solo Cuerpo y Sangre con Jesucristo, se hacen «una sola Carne», en un sentido eucarístico místico, con Dios. Por eso, el matrimonio católico es doctrinal y teológicamente indisoluble, ya que consuma una unión eucarística con Dios que ya ningún poder humano puede borrar, sino que está consumada y legitimada en el Cielo.




Siempre nos habían dicho...
que en la Eucaristía estaba Dios.
¡Y era verdad!
Pero nunca nos habían dicho...
que, en la Eucaristía,
también estábamos los dos:
que estabas tú,
y estaba yo.
Que la Eucaristía era nuestro verdadero Hogar,
y nuestro verdadero Amor.
Una Eterna y Divina Comunión.
Una Trinidad Eucarística de Amor,
Unidos para siempre con Dios...
¡Dios! ¡Tú! ¡Y yo!


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Mi Paraíso es la Eucaristía




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El Paraíso más grande y más hermoso,
donde yo para siempre deseo estar,
es este...
Estar en la Eucaristía con Dios.
Habitar junto a Él en la Eucaristía.
En cada Hostia donde Él está.
Ese es mi Cielo amado,
y mi Cielo adorado.
¡La Eucaristía!
Es el Cielo que yo espero y que yo amo,
el que deseo alcanzar.
Estar para siempre con Él,
donde quiera que Él está.


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Así se realizará el Reino Eucarístico Universal de Dios en el mundo



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Es el Deseo de Jesucristo, que toda la Iglesia Universal sea Una con Él y habite con Él (en la Eucaristía como en el Cielo y en el Cielo como en la Eucaristía, allí donde está Él), según Él mismo pidió en al menos cuatro ocasiones: Jn 6,56;12,26;14,3;17,21-24.


Este deseo significa la Unión y Cohesión en la Eucaristía de todo el Cielo, con el Purgatorio y con la Tierra, formando en y con Jesucristo un solo Cuerpo y Sangre, Alma, Humanidad y Divinidad. Es así como se configurará el Reino de Dios Universal: a través de la unión de todos con todos y de todos con Jesucristo en la Eucaristía. ESA UNIÓN SE LOGRARÁ COMULGANDO A JESUCRISTO Y COMULGÁNDONOS UNOS A OTROS EN JESUCRISTO, todos, tal y como se explica en este vídeo: https://youtu.be/rhmszOz2RPM

Esta manera de comulgar deberá enseñarse y ponerse en práctica en toda la Iglesia Universal (Católica); porque es así como Jesucristo lo quiso y lo quiere, y lo hará, y un día será realidad. Vendrán obispos nuevos y sacerdotes nuevos, que, como el Odre nuevo, podrán contener y dar a los demás el Vino nuevo de la única Eucaristía Universal, en la que todos seremos Uno con Jesucristo, una sola Ofrenda Eucarística Universal. Jesucristo diseñó la Eucaristía como Nexo de unión y comunión de todas las almas de la Iglesia militante, con la purgante y la triunfante: la Tierra, el Purgatorio y el Cielo, unidos como una sola Eucaristía Mística con Él, ofrecida con Él y por medio de Él como una sola y única Hostia Universal de intercesión y mediación para darle gloria, honra, honor y reparación a Dios Padre, por medio del Espíritu Santo; y con la Virgen María establecida como Mediadora Eucarística Universal ofreciéndose en unión con el Hijo en la Santa Eucaristía ─igual que lo hizo al pie de la Cruz─ en todas las Misas católicas del mundo.

Este Reino se hará, este Reino vendrá, este Reino tendrá su lugar, porque es para acelerar su venida que Jesús dejó escrito su Padrenuestro y nos dejó la Eucaristía, como prueba y Cimiento del Reino Eucarístico Universal que Él instaurará.



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La Divina Belleza de María se manifiesta en Lourdes y se manifiesta en la Eucaristía




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Milagroso no es solo que ella se nos manifieste, el Milagro es que Ella exista y la podamos comulgar verdaderamente presente en todo su Cuerpo y Alma, humanos pero glorificados (divinizados, totalmente inmersos y transformados en la Divinidad de Dios), en la Eucaristía con su Hijo Jesucristo. Cuando María fue asunta al Cielo fue asunta al Seno de Dios, es decir, al Seno Eucarístico de Jesucristo simultáneamente. Esto debería ser declarado Dogma de Fe de la Iglesia Católica pero, como vemos, tenemos una Iglesia más preocupada por asuntos mundanos de aquí abajo que por cuestiones teológicas trascendentes. Sobre todo el Misterio de la Eucaristía es un misterio cerrado para la Iglesia, en el que apenas avanza y cuya fe se está perdiendo cada vez más, cumpliéndose al pie de la letra aquello que Jesús dijo de que al que tiene poco (no avanza, no fructifica los dones que Dios le ha dado) hasta eso poco que cree tener se le quitará (cf Mc 4,25).


Vídeo disponible públicamente en Youtube y publicado por el usuario Luz San Marco

Escucha este mensaje para comprender y entender mejor que la Santísima Virgen María también está presente con Jesucristo en la Eucaristía por expreso deseo y gracia de su Hijo, que así lo quiere, y así lo concede:



No hay manera más grande ni más poderosa de amar a María y de unirnos a María que ¡comulgarla!, sí, recibirla con toda la fe, viva y toda realmente presente, en su Cuerpo y Alma, humana pero glorificada, inmersa y divinizada, en la Gloria de su Hijo Jesucristo en la Eucaristía.


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No tengan miedo a amar, solo teman amar si es fuera de la Eucaristía




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No tengan miedo a amar, solo tengan temor de amar fuera de la Eucaristía. Si no aman dentro de la Eucaristía están en severo peligro de pecar y de hacerse daño o de hacérselo a los demás.

Si quieren ser felices, y experimentar la Verdadera y Total Libertad de Amar como nunca jamás imaginaron que fuera posible vivir en esta tierra, lleven todo su amor a la Eucaristía y vívanlo allí íntimamente con Dios en la Comunión. Allí, en el secreto y silencio de la Comunión, amen y reciban a Dios y, por medio de Dios, reciban y comulguen también a todas las demás almas que aman o desean amar. Allí en la Eucaristía está Jesucristo, que es Dueño y Artífice de la Eucaristía, el supremo Invento de Dios, que actúa como Puente de Amor, Comunión y Unión universal entre todas las almas, para que, por medio de Él todos podamos también unirnos y amarnos entre nosotros (Jn 17,21-24). Ese fue su deseo, ponerse como Puente entre todas las almas del Cielo y del Purgatorio y de la Tierra para que, por medio de Él ya no hubiera separación alguna nunca más, sino que todos fuéramos uno, y experimentáramos esa Unión verdaderamente y milagrosamente a través de la Eucaristía. Esto es algo que cualquiera puede experimentar y comprobar que es verdad. ¿Tienes un alma amada en el Cielo o en el Purgatorio?; bien, recíbela por medio de la Eucaristía y podrás experimentar su Presencia con Dios en la Eucaristía, con Él, con Jesucristo, que ya en vida reunió de nuevo a muchas personas con sus seres queridos que habían fallecido. ¿Tienes un ser que amas pero que está muy lejos de ti?; bien, recíbelo y ámalo en la Eucaristía y podrás sentir y experimentar la fusión entre sus almas por medio de la Eucaristía.

Y es que, en la Eucaristía también están realmente presentes todas las almas unidas a Dios por la Gracia (las bautizadas y confesadas); pero también podemos comulgar y unirnos a otras almas que no están unidas a Dios por la gracia sino que viven en pecado mortal solo que, en este caso, no hay una presencia real ni una permanencia, sino una intercesión ante Dios, igual que si nosotros al presentarnos ante Dios le hablásemos de una persona que no está allí sino ausente, pero espiritualmente se hace presente de algún modo al hablar de ella.

Si quieren ser felices y experimentar la verdadera libertad de amar, lleven todo su amor a la Eucaristía y vívanlo allí íntimamente con Dios, en el secreto de la Comunión, Dios les comprenderá y les guardará el secreto de su amor. Es como si le confiaran a Dios lo que sienten, como si se lo dijeran al oído, y sólo Él se enterara, y quedara como un eterno secreto entre tú y Dios. Amen allí a Dios y, por medio de la Eucaristía, amen a las demás almas recibiéndolas y comulgándolas en la misma Comunión, porque allí están todas las almas con Dios.

Todos y todas tenemos necesidad de amar, negarlo es hipocresía y mentira. Nuestro Amor se debate entre dos fuerzas poderosas: el alma y el cuerpo. Amar guardando el equilibrio entre estas dos fuerzas no es nada fácil. Sólo hay un medio en que podamos amar a los demás sin peligro de caer en pecado: la Eucaristía, el Amor que Dios ha traído del Cielo para que aprendamos a amar como en el Cielo se aman, como Dios mismo nos ama, como los ángeles y los santos se aman.

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No hay perdón de los pecados sin Confesión ante un Sacerdote: los pecados no dichos al Sacerdote no pueden ser perdonados



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Quien pretende salvarse sin Confesión de los pecados, es como pretender poder salvarse sin la intercesión del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, el Salvador. ¿Si el Sacerdote no conoce tus pecados porque tú no se los has dicho, cómo podrá él ofrecer el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo a Dios Padre como pago y reparación de los mismos? ¿Y si el Sacerdote no ofrece el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en reparación y pago de tus pecados cómo esperas que te sean perdonados si solo el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo puede perdonarlos?

Lo único que nos salva es el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, la cual no es un concepto ni es una idea particular de nadie, sino una Realidad que tiene lugar en la Eucaristía sobre el Altar de cada Misa, de la cual el Sacerdote es el artífice o administrador elegido e instituido por Dios y por la Iglesia, por la comunidad cristiana. Si el Sacerdote es el administrador del Cuerpo y Sangre de Jesús, con más razón lo es de nuestra salvación y de nuestro perdón, dado que esta depende de la Eucaristía para que se haga efectiva. Sin Eucaristía no hay salvación y, por eso, sin Sacerdote no hay perdón de los pecados, ya que el Sacerdote es el administrador y dispensador de la Eucaristía. Quien quiere salvarse sin Sacerdote ni Confesión es lo mismo que quien quiere salvarse porque sí, por sí mismo, sin contar con el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, sin Jesucristo.

Hay quienes presumen de que van a salvarse por la Sangre del Cordero mas solo quieren participar de ella de manera impulsiva y espiritual y, en cambio, prescinden de su Presencia Sustancial Real en la Eucaristía Católica, la cual no es ya un mero recuerdo ni un símbolo, sino una Realidad plena y verdadera que deberá ser comida y bebida (cf Jn 6,55): «[...] En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre, junto con el Alma, la Humanidad y la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" [...]» (CIC 1374). Si realmente confían en salvarse por la sola Sangre de Jesucristo, entonces ¿por qué no acuden a recibirla allí donde está Ella en toda su realidad, en la Misa Católica? Otros dicen que Dios es bueno y salva a todos: sí, es cierto, y por eso murió en la Cruz, para darnos a comer y a beber el Remedio a nuestros pecados, la Eucaristía; por tanto, Dios salva y perdona a «todos» sí, pero: a todos aquellos que, deseando salvarse, se acogen y someten a su Voluntad, a su Misericordia y a sus Sacramentos, participando de su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía pero no abusivamente, sino respetuosamente, lo cual exige necesariamente nuestra reconciliación con Dios. Nadie puede ir a comer a la casa de un amigo si está peleado con él, primero tendrá que reconciliarse; así mismo, nadie puede ir a comer a la Casa de Jesucristo si primero no se reconcilia con Él, reconociéndole y pidiéndole primero perdón por todas las veces y formas en que le ofendimos, y prometiéndole no volver a hacerlo.


La Iglesia Católica es una organización jurídica sometida a derecho

La Iglesia Católica, en cuanto organización humana, está regulada por sus propias leyes, recogidas en el Código de Derecho Canónico, que son de obligado respeto y cumplimiento para todos los católicos y católicas, bajo pena de pecado y otras posibles sanciones jurídicas. En cualquier club o asociación de este mundo hay que sujetarse a unas reglas y, si uno de sus miembros no las cumple o, aún peor, hace alarde de no cumplirlas, será sancionado. La Iglesia Católica no va a ser menos y, si uno de sus miembros incumple las normas, puede estar cometiendo pecados de distintos grados y se expone a recibir sanciones jurídicas. Respecto de la Confesión, en lo referido a los fieles, la Ley Canónica dice concretamente:
  • Canon 916. Si se tienen pecados graves (mortales), no comulgar sin haberse confesado antes.
  • Canon 988. Hacer examen de conciencia y confesar todos los pecados mortales no dichos aún directamente en confesión: uno a uno y por especie y número.
  • Canones 989. Confesarse como mínimo una vez al año.
Pues bien, en nuestra Iglesia hay muchas personas que no solo no cumplen esta norma y nunca se confiesan, sino que, lo que es peor, incluso se jactan de ello abiertamente, despreciando el valor del Sacramento o la necesidad de la intercesión del Sacerdote. Así y todo presumen de católicos pero, si no recapacitan a tiempo, van a ser sorprendidos in fraganti en sus malas obras por Dios: «Pero si ese criado, pensando que su amo va a tardar en volver, comienza a maltratar a los demás criados y a las criadas, y se pone a comer, beber y emborracharse, el día que menos lo espera y a una hora que no sabe llegará su amo y lo castigará. Le condenará a correr la misma suerte que los infieles» (Lc 12,45-46).


Demostración de porqué solo un Sacerdote puede perdonar los pecados

Partiendo de lo anterior se entiende ahora perfectamente cómo logra un sacerdote perdonar los pecados. Cada vez que un sacerdote consagra el Pan y el Vino sobre el Altar, ofrece a Dios Padre, y en nombre de toda la Iglesia (consecuentemente, también en nombre tuyo), a Jesucristo como Víctima expiatoria por todos los pecados, entre los cuales van a estar incluidos aquellos que nosotros decimos en Confesión. Sí, todos los pecados confesados, van a recaer sobre Jesucristo en la Eucaristía, en forma de latigazos, escupitajos, desprecios, juicios, incomprensiones, traiciones, etc., exactamente igual que la primera vez. Ya que la Eucaristía es un Evento hecho en el Cielo y en Dios, además de en la Tierra, y tiene lugar en todo tiempo y lugar a la vez (en el «no-tiempo» y en el «no-lugar» de Dios). La Misa es el mismo y el único Sacrificio de Jesucristo, no hay dos, ni tres, sino únicamente uno y el mismo, y el único que salva. Así como ese Sacrificio tiene lugar por las manos del Sacerdote (quien ocupa el lugar de san Juan bajo la Cruz), así los efectos de ese Sacrificio circularán también por mediación de ese mismo Sacerdote. Quien pretende salvarse sin Confesión de los pecados, es como quien pretende poder salvarse sin la intercesión del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, el Salvador. Ahora bien, si el Sacerdote no sabe cuáles son tus pecados, porque tú no se los has dicho, ¿cómo puede Él ofrecer el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo por ellos para que te sean perdonados? ¿Y, si el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo no han sido ofrecidos como se debe para el perdón de tus pecados, cómo esperas encontrarlos un día perdonados? Por tanto, los pecados no dichos en confesión no pueden ser perdonados (salvo omisión involuntaria pero, en este caso, existe el deber de decirlos en la próxima confesión como pecados perdonados pero no debidamente confesados).

Salvación in extremis, porqué debemos evitar llegar a eso y consecuencias de vivir una vida de pecado sin arrepentimiento ni confesión

La manera más segura de salvarse es haciendo las cosas como Dios mismo enseña y que la Iglesia explica. Exponer nuestra salvación a una cuestión de suerte final es una grave irresponsabilidad y creo que ninguna persona mínimamente sensata lo haría ni debería hacerlo. Los Sacramentos son la manera ordinaria y segura de salvarse. Ahora bien, hay ocasiones en las que Dios salva en condiciones extremas a muchas almas, quizá ni habiéndose confesado, como una concesión extraordinaria obtenida por la intercesión de las almas crucificadas que sufren en silencio por tu causa y la de otros que están en igual situación. A cambio de tu salvación final esas almas tendrán que soportar —aún sin comprender porqué— pobreza y necesidades, persecuciones y desprecios, injusticias, enfermedades, y muchas otras clases de calamidades y agravios. ¿Qué quiénes son estas almas? No las busques demasiado lejos, quizá hasta las tengas en tu propia familia: a veces nos parecen personas desgraciadas, fracasadas, insignificantes, despreciables, pero ante Dios son más preciosas y amadas que los diamantes y el oro lo son para el mundo. Dios continúa salvando hoy a través de numerosas de esas almas víctimas que, con su sacrificio y su sufrimiento inocente e inmerecido, ayudan a Jesucristo como cirineos a satisfacer la justicia debida a nuestros pecados y nos obtienen el perdón de Dios, y a las que Él reserva una especial gloria en el Cielo como recompensa. Allí donde un alma se dirige a la condenación, porque no escucha a Dios y sus advertencias, a Dios no le queda más remedio que buscar la ayuda de un alma víctima que interceda con sus sufrimientos por esa alma, que actúe como balanza de compensación (Él sabe con qué almas puede contar): de otro modo, aquella no tendría salvación. Por ello, las almas presuntuosas que viven en pecado y no lo reconocen ni se arrepienten, verdaderamente no saben lo que hacen, las graves consecuencias de sus acciones, así como el rastro de víctimas inocentes que van dejando a su paso. Son las almas víctimas las que con su sacrificio y sufrimiento proporcionan el abono de conversión (cf Lc 13,6-9) a esas almas inconscientes de su destino; son la semilla que cae en tierra y mueren para dar fruto (cf Jn 12,24) que otro recogerá gratis (cf Jn 4,37); son las almas que se abajan para que otro crezca (cf Jn 3,30), como el abajamiento y sacrificio de san Juan Bautista dio paso a Jesucristo:
Lc 13,6-9: «Jesús les contó esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, y fue a ver si daba higos, pero no encontró ninguno. Así que le dijo al hombre que cuidaba el viñedo: 'Mira, por tres años seguidos he venido a esta higuera en busca de fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala, pues; ¿para qué ha de ocupar terreno inútilmente?'. Pero el que cuidaba el terreno le contestó: 'Señor, déjala todavía este año; voy a aflojarle la tierra y a echarle abono. Con eso tal vez dará fruto; y si no, ya la cortarás'”».

Así fue Jesucristo, el Alma Víctima sufrida y escondida que pagó y continúa pagando por los pecados de todos. Ahora bien, aún si tú por un acto de última y extrema misericordia de Dios lograras no ir al Infierno que merecías, ¿qué será de ti en el Purgatorio? Todos esos pecados gravísimos no confesados son como inmensas montañas de trabajo aún por hacer, están sin reparar porque no habiéndolos dicho en Confesión ningún sacerdote pudo repararlos en la Eucaristía. Eso significa que tú, allí, tendrás que empezar tu camino partiendo desde cero, partiendo de nada, tú solo y esperando a que alguien en la Tierra ofrezca ahora una Eucaristía por ti, quizá algún conocido, familiar o alma piadosa: ¿cuentas con esas almas que ofrecerán Misas por ti luego de esta vida?, dichoso tú si las tienes; muchas congregaciones religiosas permiten inscribirse en sus asociaciones para participar de los méritos de sus Misas luego de esta vida, pregúntales e inscríbete. En cualquier caso, la Iglesia intercede por todas las almas del Purgatorio en todas las Misas. Entonces, ese día, comprenderemos lo que valió el Sacramento de la Confesión y de la Eucaristía y como una sola Confesión te pudo ahorrar no solo sufrimientos eternos en el Infierno, sino una buena parte de las purificaciones debidas en el Purgatorio. Allí en el Purgatorio rogaremos poder recibir una sola Gota del Agua de Vida que hoy tenemos sobreabundante en la Eucaristía y no la bebemos.

Conclusión

Así que, no hay perdón sin Eucaristía y no hay Eucaristía sin Sacerdote; lo que viene de ahí es una conclusión al alcance de cualquier niño: sin Sacerdote no hay perdón de los pecados. Esa ha sido la voluntad de Jesucristo, quien no habiendo logrado convertirnos y salvarnos enviándonos maná del Cielo, se hizo a sí mismo el Maná y bajó Él mismo para alimentarnos. Haciéndose Humano, se remangó sus blanquísimos Vestidos, para abajarse al fango donde nosotros habitábamos y poder lavarnos y rescatarnos; para soportar todas las más horribles humillaciones que podía soportar un humano y ofrecer rescate a favor nuestro para que no fuéramos nosotros los crucificados sino Él en lugar nuestro. Pero nosotros, en cambio, queremos ser salvados sin soltar una lágrima, sin pedir perdón, sin doblar una rodilla, sin mirar al Crucificado, sin compadecerse de Él. ¡Sigan así! que el reino del anticristo acabará dándoles lo que quieren, una salvación a gusto del consumidor. Quienes rechazan la Confesión están sin saberlo abriéndole las puertas al reino del anticristo y de la gran apostasía en el seno de la Iglesia. Sean humildes y arrodíllense delante de un Sagrario y del Confesionario, ante Aquel el cual solamente Él puede salvarlos: Jesucristo en la Eucaristía.




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